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1 - 6 de 90 opiniones
Escribió una opinión el 13 de agosto de 2020 mediante dispositivo móvil

Hotel con encanto, habitacion pequeñita pero super acogedora, limpisima y al detalle todo...mencion especial a la amabilidad del personal y a los desayunos, espectaculares!! Zumo recien exprimido, tostadas de pan increibles y bizcocho casero cada mañana, la jarra de cafe y la jarra de leche y de todo, hasta que te hartes! Fuimos con una nena pequeña y le mimaron a tope! Sobre todo la mujer del desayuno, encantadora! Sin duda, volveria!!!

Fecha de la estadía: agosto de 2020
Tipo de viaje: Viajó con familia
Agradécele a izi83
Esta es la opinión subjetiva de un miembro de TripAdvisor, no de TripAdvisor LLC.
FRANCISCO ANTONIO ALVAREZ TEIJEIRO, Director General en Hotel Casa Soto, respondió a esta opiniónRespondida el 5 de octubre de 2020

Muy satisfechos de que su estancia haya colmado sus expectativas y les haya encantado el Hotel Casa Soto Vegadeo situado en La Reserva Natural de La Biosfera Oscos-Eo. Muchas gracias por sus comentarios.

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Esta respuesta es la opinión subjetiva del representante de la dirección, no de TripAdvisor LLC
Escribió una opinión el 23 de julio de 2020

Habitación: El Calero
Fecha de entrada: 18/07/2020
Tarifa: 90,00 (AD)

Ubicado en el mismo corazón de este pequeño pueblo fronterizo con Galicia. A un paso de la plaza del Ayuntamiento, de la Parroquia y de los pocos comercios, bares y restaurantes que sobreviven en la villa. En una calle adoquinada y en fuerte pendiente, rodeado de algunos edificios abandonados, encontramos este moderno edificio encalado en color marrón con una gran puerta doble en blanco. Dos alturas, balcones de aluminio blanco a la calle con barandillas de forja negra y tres mástiles con banderas. Frente a la puerta hay un pequeño hueco para dejar el coche y descargar el equipaje.

Tras la puerta de madera, hay un escalón que nos deja en un estrecho recibidor en cristal y madera con una tupida alfombra. La puerta que allí hay se cierra por las noches y la llave de la habitación incluye otra que permite abrir esta. En el cristal, un cartel avisa que si la recepcionista no está disponible, se llame a un número de teléfono. Tras esa puerta, entramos en la casa, y una joven y simpática recepcionista sale a acogernos. El espacio al que entramos es de corte rústico, con poca luz, no en vano estamos en Asturias. Suelo de piedra, paredes en verde botella con grandes zócalos de piedra, luces puntuales en un techo de madera. Muebles antiguos en madera y cristal, colgadores y percheros. Frente a nosotros, la ancha escalera de madera con barandilla de metal que sube a las habitaciones.

A la derecha, un aparador, con un espejo y algunas flores secas. A la izquierda se abre la recepción. En primer lugar un escritorio de madera de corte antigua donde se realiza el registro de llegada y se paga a la salida. Detrás del escritorio, una silla de despacho. Delante, dos. En la pared, ventanales de madera blanca cubiertos con visillos. Algunas mesas auxiliares con lámparas de pie y pantalla de tela. Frente a la mesa, cerrado por un biombo, el acceso al comedor de desayunos. A la izquierda de la mesa hay un sofá con dos sillones, recubiertos con mantas y cojines, una librería con libros de y una chimenea que se enciende en invierno. La sensación es acogedora y cálida, pese al día destemplado que hace fuera.

La recepcionista nos entrega las llaves de la habitación, en un llavero de piel con el nombre de la misma grabado. Nos dice que tiempo habrá para recoger los datos y que vayamos a descansar y a ponernos cómodos. Se hace cargo de nuestra maleta y subimos escaleras arriba. A mitad de escalera hay una zona con varias maletas antiguas de decoración. El suelo, de madera limpísima y brillante cruje a nuestro paso. No hay ascensor, así que el crujido de otros huéspedes llegará a molestar durante la noche. Llegamos al primer piso, en el que un recibidor decorado con una enorme imagen de la cara de un toro distribuye las habitaciones a derecha e izquierda. La luz, que ofrece la claraboya del hueco de la escalera lo inunda todo. Bajo el cuadro del toro, un banco de madera. Al fondo del pasillo encontramos nuestra habitación, tras una puerta de madera clara. Una larga y estrecha alfombra protege el suelo del pasillo. Y dos lámparas de pared iluminan el mismo.

Tras la puerta caemos directamente en el dormitorio. No es grande, pero tampoco pequeño. Toda la pared del frente está cubierta por ventanas de madera blanca protegidas por visillos y por dos largos estores que tratan en vano de ocultar la luz de la mañana. Las vistas son a un patio interior amplio arriba y a una pequeña terraza ajardinada que tiene el hotel en la planta baja. Silencio y tranquilidad. Sólo molesta por la mañana el canto de los pájaros y la luz que se cuela en la habitación por detrás del estor. Paredes pintadas en tono crudo. suelo de madera limpísima y techo muy alto, en madera algo abuhardillado.

Junto a la puerta de entrada encontramos un maletero de tijera en madera y bandas de tela negra. Junto a él, un armario exento de madera roja. Estrecho y ancho. Con dos puertas. Dentro, un par de baldas y un par de colgadores "a lo ancho" con un conjunto de perchas de distintos tipos (para chaquetas, para pantalones, faldas, camisas...). A continuación y hasta la ventana un pequeño e incómodo escritorio de metal y cristal. Sobre él, una televisión plana que no funciona y dos botellas de agua de cortesía. Debajo, una silla de madera y una papelera de mimbre. En la pared hay varios enchufes para los aparatos electrónicos. El hotel dispone de varias redes de wifi gratuito en todo el edificio bastante veloz y constante, protegidas por una larguísima contraseña.

En el centro de la habitación está la cama. Ancha para ser individual, estrecha para ser doble. En cualquier caso muy corta, especialmente para los que somos de tamaño xxl. El colchón aunque es cómodo, se nota que ha pasado ya algunos años. Sábanas suaves blancas y una suave colcha blanca. El cabecero, anclado a la pared es de sencilla forja negra. A cada lado, sendas mesillas altas, de madera, de corte rústico, con un pequeño cajón y una balda. Sobre ellas, hay interruptores para apagar las luces y un enchufe disponible. La luz de la habitación se reduce a un punto de luz en el techo y tres apliques de metal y cristal a juego: dos sobre las mesillas y otro en la pared junto a la puerta del baño. Tres láminas enmarcadas constituyen toda la decoración de la habitación. No hay minibar, y se hecha en falta el aire acondicionado en los pocos días que el calor escala el termómetro. Bajo la ventana hay un radiador.

La insonorización interior es manifiestamente mejorable y se escucha mucho lo que ocurre en el pasillo y en las habitaciones contiguas. Aún así el hotel resulta tranquilo, y el pueblo más. La insonorización exterior, con tanta ventana de cristal es algo justa, pero igualmente el patio interior al que da es igualmente silencioso.

Otra puerta de madera con un pomo de metal y porcelana blanca nos ofrece el acceso al baño. Detrás de la puerta queda una ventana más, igualmente en madera blanca y con visillos blancos. Suelo de gres porcelánico en vivos colores, y paredes alicatadas en baldosas cuadradas en color granate con unas cenefas a media altura con motivos vegetales. El lavabo, exento y generoso aparecer anclado sobre una mesa de madera. Sobre la blanca porcelana del mismo se ofrecen dos vasos de cristal, y una pequeña cesta de mimbre con las amenities: una pastilla de jabón, dos botes de gel, uno de champú, un gorro de baño y un lustrazapatos. Encima del lavabo hay un espejo y a su lado, en la pared, un aplique de luz -que junto con un punto de luz más fría en el techo iluminan la pequeña estancia- y un secador de pelo de escasa potencia. Caudal, presión y temperatura funcionan bien, aunque el chorro que expulsa el grifo resulta algo irregular.

Al fondo del baño queda el inodoro, exento y moderno. A su lado un escobilla de baño, y un porta rollos con dos rollos de papel higiénico. Sobre el inodoro un sencillo toallero de metal. Dos toallas de bañera de tamaño justo, dos toallas de manos y un pie de ducha constituyen el juego de lencería. En la pared hay un toallero para colgar las toallas de manos una vez usadas. En el rincón del fondo encontramos la cabina de ducha. De cristal con puertas correderas que no terminan de ajustar bien y sacan algo de agua al suelo. La cabina es algo pequeña, pero el grifo funciona perfectamente bien tanto en presión como en caudal y temperatura. Junto al grifo hay una repisa sencilla en la que dejar las amenities que vayamos a utilizar.

Por la mañana el desayuno se sirve en el salón situado junto a la recepción. Una cariñosa, atenta y servicial señora nos ofrece café líquido pero no excesivamente malo, zumo de naranja recién exprimido, cereales, tostadas de rico pan, bizcocho, mantequillas, mermeladas, alguna pieza de fruta, tomate y aceite. Tras el desayuno, en la recepción el trámite de salida es muy rápido. Pagamos. Nos preguntan por la continuación de nuestro viaje y nos ofrecen un par de botellas de agua frías para hacérnoslo más cómodo.

Calidad/precio: 7
Servicio: 8
Ambiente: 7.5
Habitación: 6.5
Baño: 7
Estado de conservación: 8
Desayuno: 7.5

Fecha de la estadía: julio de 2020
    • Calidad/precio
    • Ubicación
    • Servicio
1  Agradécele a CarlosAndreu
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FRANCISCO ANTONIO ALVAREZ TEIJEIRO, Director General en Hotel Casa Soto, respondió a esta opiniónRespondida el 5 de octubre de 2020

Muy satisfechos de que su estancia haya sido de su agrado, agradecemos la descripción que ha hecho de Hotel Casa Soto en Vegadeo, ubicado en La Reserva Natural de La Biosfera Oscos-Eo y también paso del Camino de Santiago. Sus sugerencias nos han de servir para mejorar día a día nuestras instalaciones y atención de futuros huéspedes. Muchas gracias por su extenso y detallado comentario.

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Escribió una opinión el 8 de febrero de 2020 mediante dispositivo móvil

Excelente hotel rural, limpio y muy acogedor. Trato humano y muy profesional. Lo recomiendo de

El pueblo da la impresión de estar en la montaña cuando en realidad estás entre una ría y un río, el Eo.

Mantiene ese sabor de antaño donde el tiempo parece parado entre el hoy el pasado. Gentes agradables y educadas. Date una vuelta por aquí y te llevarás el alma tranquila.

Fecha de la estadía: febrero de 2020
Tipo de viaje: Viajó con familia
Agradécele a viajeraexistente
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Escribió una opinión el 1 de septiembre de 2019

El pasado mes de junio hemos estado un grupo de amigos en este hotel y la estancia en este hote ha dejado un satisfactorio recuerdo en tosos nosotros. El hotel, antigua casa del médico, está muy cuidado, con innumerables detalles y buen gusto que lo hacen muy agradable. Habitaciones confortables y acogedoras. Buenos y bien surtidos desayunos. Y sobre todo, es de resaltar la maravillosa atención y servicio del personal. Un referente en Vegadeo.

Fecha de la estadía: julio de 2019
    • Calidad/precio
    • Limpieza
    • Servicio
Agradécele a Antonio d
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Escribió una opinión el 4 de enero de 2019 mediante dispositivo móvil

Una semana en un lugar fabuloso. Perfecta atención, muy limpio y bonita decoración. Admiten mascotas. Volveremos en cuanto podamos. Aunque aparcar en la calle da un poco de miedo, muy cerquita se encuentra aparcamiento fácilmente

Fecha de la estadía: diciembre de 2018
Tipo de viaje: Viajó en pareja
Agradécele a Macarena P
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